Derecho al agua

El derecho al agua significa la posibilidad de que todas las personas puedan acceder tanto física como económicamente al agua potable en cantidades suficientes para satisfacer las necesidades personales y domésticas. El acceso al agua potable es fundamental tanto para la supervivencia de pueblos y personas, como para disfrutar de determinadas prácticas culturales o para asegurar la higiene ambiental.

Pese a que disponer de agua potable es una condición imprescindible para desarrollar un proyecto de vida autónomo, el reconocimiento del derecho al agua es muy reciente. Concretamente, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales deriva el derecho al agua del derecho a la alimentación y del derecho a la salud. En su Observación General número 15, el Comité define el derecho al agua como el acceso a un “suministro suficiente, físicamente accesible y a un costo asumible de agua salubre y de calidad aceptable para el uso personal y doméstico de cada persona.” Una cantidad adecuada de agua salubre es necesaria para prevenir la mortalidad debida a la deshidratación y para reducir el riesgo de transmisión de enfermedades de origen hídrico, para el consumo, la cocina y la higiene personal y doméstica. Además, la población debe ser informada debidamente sobre los recursos hidráulicos, su calidad, etcétera.

Las principales normas que reconocen expresamente el derecho al agua, además de la Observación general  número 15 del Comité DESC que las interpreta, son de ámbito regional. En este sentido, conviene destacar el Protocolo de la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos sobre los Derechos de la Mujer en África -arts. 15 y 18-, la Carta Africana sobre los Derechos y Bienestar del Niño -art. 14 – y el Protocolo de San Salvador -art. 11-.